domingo, 1 de abril de 2018

El zapato, el protagonista




Miguel Ángel Martínez, Alfonso Morant, Hannibal Laguna, José María Amat, Loles Esteve y Jose Carlos Moyá. IGNACIO GARCÍA

Cinco de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado en la moda debaten sobre el pasado, presente y futuro del sector
La mesa la moderó el diseñador Hannibal Laguna
El calzado se categoriza como un complemento de moda, sin embargo, este objeto de deseo ha terminado abandonando su posición accesoria en una industria que mueve millones de euros. Y es que el zapato es además un símbolo social, reducirlo a un complemento de moda sería menospreciar su poder.
Su magnetismo se basa en que responde a la necesidad pero también al deseo, por eso, cuando vemos un zapato, vemos un objeto que poseemos, queremos y necesitamos tener. Aunque el público trata de racionalizar su compra como algo lógico. El placer sin culpa. Y de esta culpa somos responsables los alicantinos, ya que la industria zapatera se desarrolló entre nuestros valles, en concreto en el Medio Vinalopó. Una actividad que comenzó a gestarse a mediados del siglo XIX y que se ha convertido en una de las más punteras que ha fomentado nuestro país. Así que, si hay algo que sabemos hacer en nuestra provincia, son zapatos. Por eso, cuando El Corte Inglés de Elche quiso celebrar su décimo aniversario, esta pieza tenía que ser parte protagonista del festejo. El pasado miércoles el centro reunió, bajo la organización de Manuela Laguna -directora técnica del premio Mujer Mejor Calzada-, a varios de los profesionales que más ponen en valor el papel del calzado dentro de la industria de la moda.
La jornada comenzó con un magnífico Hannibal Laguna haciendo repaso de sus 30 años de historia como firma hasta la reciente creación de su propia línea de calzado. Hannibal Laguna Shoes es un proyecto que nace en 2014 entre la compañía MTNG Experience y el propio diseñador, haciendo realidad su sueño y trasladando sus obras de la pasarela al asfalto. Otra de sus motivaciones era democratizar el diseño y la calidad, acercando sus creaciones a todos los públicos: «Después de tantos años viendo mis vestidos en alfombras rojas, lo que de verdad me llenaba era verlas a pie de calle, en las actividades más cotidianas», señala Laguna. Tras la conferencia del diseñador, se configuró una completísima mesa redonda donde se confirmó el importante peso que tiene el calzado dentro de la industria. Los protagonistas del debate, José María Amat, fundador del Museo del Calzado y del Museo del Bolso; Loles Esteve, directora del Museo del Calzado; Jose Carlos Moyá, director de Martinelli; Alfonso Morant, director de Innovarty y Miguel Ángel Martínez, director de INESCOP.
Amat, una de las figuras alicantinas que más ha potenciado la industria zapatera, contó cómo vivió la provincia el paso de la actividad semiartesana del calzado a la industrialización, así como el momento en que el zapato pasó a convertirse en un objeto de culto, que tuvo inicio en la Revolución Industrial y su máximo exponente con la entrada del siglo XX. Amat fundó en 1992 el Museo del Calzado, una institución privada que con aportaciones de particulares se configuró como centro de referencia nacional. Durante el debate, Loles Esteve, la actual directora del Museo, puso en relieve las actividades que impulsa la fundación para divulgar y potenciar la industria, como el Premio a la Mujer Mejor Calzada. El director de Martinelli nos habló de la evolución de la firma como el calzado preferido por los hombres para vestir, convirtiéndose este año en el calzado oficial de los Goya. Moyá animó además a las nuevas generaciones de diseñadores a adaptarse al estilo de cada firma a la hora de presentarles su portafolio: «es importante que vean que conocéis su producto y sus líneas de diseño», les comentaba.
La innovación y las nuevas tendencias en el sector las presentaron Morant y Martínez. El primero hizo hincapié en la obligatoria transformación digital, así como la importancia del Big Data y su correcto uso. Por su parte, Migué Ángel Martínez Martínez habló de la nueva revolución industrial 4.0 y de nuevas tendencias.

* Publicado en el diario El Mundo el 1/4/2018

sábado, 17 de marzo de 2018

El calzado artesano. Importancia y dignidad de un ofici

                Zapatero realizando un empalmillado  (foto: el arte del cuero)

Las primeras máquinas para la confección del calzado aparecen muy avanzado el siglo XIX y se trata de máquinas muy sencillas que realizan determinados trabajos de asistencia (hacer agujeros, prensar etc.). En 1.846 el estadounidense Elias Howe Jr. Inventa la primera máquina de coser, hasta entonces todo se cosia a mano, y con esta máquina de cierta tecnología compleja para su tiempo, todo se cose a máquina, es decir, calzado y vestidos, también en esta mitad de siglo se inventa la máquina de coser o puntear zapatos que hasta entonces eran cosidos a mano con los puntos tan conocidos para los zapateros como eran los punteados y empalmillados. Desde 1.887 la aparición de maquinaria para hacer zapatos se realiza de modo continuo y se van incorporando al proceso una tras otra, las máquinas de clavar, centrar, rebatir, lijar...., pero prácticamente es en la primera mitad del siglo XX cuando la intervención de las máquinas en el proceso de fabricación de calzados se generaliza y se abandona definitivamente el trabajo manual y artesano para fabricar zapatos en serie. El maestro zapatero que formaba parte de aquella célula primera de la industria zapatera, con el oficial y el aprendiz, se va perdiendo dejando paso a los procesos en cadena.

         Las primeras máquinas que se emplearon en la industria del calzado a final del siglo XIX estaban impulsadas por la tracción animal, el esfuerzo humano y la energía hidráulica que abastecía el caudal del rio Vinalopó (en el caso de Elda), caudaloso en aquellos tiempos. Con la aparición de la energía eléctrica las máquinas se perfeccionan y casi todo lo que se podía hacer, se realizaba a máquina.

         ¿Quiere esto decir que con la aparición de la tecnología se ha perdido lo que hemos llamado artesanía del calzado?. En primer lugar hay que decir que la palabra artesanía tiene un significado por el que reconocemos como el arte de la manufactura, por lo tanto elevamos a la expresión artística aquello que en principio no sería más que un trabajo manual bien hecho; lo que ocurre es que en el caso del calzado los trabajos que se desarrollan para conseguir un zapato acabado, o mejor dicho, alguno de esos trabajos tienen connotaciones artísticas dado el nivel de perfeccionamiento que se requiere para acabar la obra bien hecha; pero contestando a la afirmación sobre si la tecnología acaba con lo artesano, bajo mi punto de vista hay que matizar el tipo de tecnología y la fase en la que se aplica. Un zapato en el que las fases fundamentales se realizan de forma manual y corriendo el riesgo de la imperfección o de lo sublime, no deja de ser artesanía, aunque para algunos trabajos complementarios haya habido que emplear maquinaria de apoyo, por ejemplo: un zapato montado a mano y cosido entre carnes a mano o empalmillado a mano y que se haya empleado máquinas de moldear, lijar, rebatir o incluso clavado de tacones, no deja de ser artesano y por ello manual.
         El oficio de zapatero artesano se ha ejercido desde que el concepto de calzado existe y, en la historia de esta profesión, tenemos ejemplos y anécdotas de todo tipo; desde haber sido el zapatero considerado como un aprendiz de un trabajo sucio e insalubre y haber sufrido las mayores vejaciones, hasta ser considerado como personaje de la mayor dignidad y prestigio, recuérdese aquellos tiempos a partir de la Edad Media en la que los zapateros tenían sus prerrogativas, interviniendo activamente en muchos acontecimientos sociales de la época como personas que dominan un oficio ilustre.

* Publicado en el blog "Calzado" del semanario Valle del Elda. 16-03-2017

viernes, 16 de marzo de 2018

Publicaciones de corto recorri




        Cuando se avecinaba la primera gran exposición de zapatos en aquel Concurso Exposición que preparó y organizó la Concejalía de Fiestas del Ayuntamiento de Elda, de la mano del que fuera su concejal titular Roque Calpena Giménez, y que tendría su eclosión en 1959 y marcaría el inicio de las Ferias del Calzado en Elda, apareció una revista cuyo titular lo decía casi todo, "Elda Creadora". Fue a finales de mayo de 1958, cuando el sector zapatero de la ciudad, se vio gratamente sorprendido con la aparición de esa revista que despertaba un enorme interés y, efectivamente, tanto los profesionales como personas vinculadas al sector zapatero, escribían en sus páginas y mostraban sus diseños. Se trataba sencillamente de un aporte más al prestigio del calzado exclusivamente  hecho en Elda. 

        Más adelante, en 1966, fue el momento de otra revista especializada en el lanzamiento de tendencias sobre el calzado, con algunos textos alusivos a los primeros años de las Ferias y la situación de auge que vivía el sector zapatero en general. La revista que era propiedad de Lutgardo Sánchez Lorenzo, se llamaba "Calzado Español - Arte y Moda". El primer número contaba como maquetadores con las firmas de Joaquín Iñiguez Amat y Manuel Pastor Castaños; las fotografías eran de José Miguel Bañón y Román, en otros números posteriores, hasta un total de cinco, se sumarían Estudios Modalín, Carpena, Pons Capella, Durá, Mateo, Chaumel y otros. La revista se editaba dos veces al año y contaba con la colaboración de una gran variedad de empresas que hicieron posible, con sus anuncios, sufragar el coste de las ediciones.
        Más adelante, en 1969, se editó otra revista especializada en el lanzamiento de tendencias. En esta ocasión editaba la prestigiosa empresa Prensa Técnica S.A. y el nombre era "MODAPIEL" (Moda del calzado y de la piel). Como asesor especial contaba con la firma de Roque Calpena, se editaba desde Barcelona aunque los textos hacían siempre mención a los zapatos fabricados y diseñados en el Medio Vinalopó. La revista con el "tirón" del Director General de la FICIA, contaba con un nutrido número de anunciantes que aportaban sus propias maquetas y fotografías.
        Todas ellas desaparecieron con poco recorrido, e incluso hubo otros intentos que tampoco fueron muy longevos en ediciones, sin embargo esos ecos por ofrecer unas propuestas españolas, que más adelante tendrían continuación en el lanzamiento de tendencias desde Inescop y AMEC, entre otros, supondrían unas iniciativas muy loables que sería bueno recuperar. 

* Publicado en el blog "Calzado" del semanario Valle de Elda, 16/3/2018

lunes, 26 de febrero de 2018

sábado, 2 de septiembre de 2017

Elda 1957. El triunfo de la ideas.

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Una imagen de la esquina de "El Guardia" en el año 1957 cuando se alumbró la idea de las Ferias del Calzado en Elda
Tras aquel memorable escrito de Oscar Santos en el semanario Valle de Elda, animando a los eldenses a la creación de una feria del calzado, el año 1957 fue excepcionalmente recordado no sólo por dar el definitivo empuje a la propuesta de Santos, sino por una serie de ideas llevadas a la práctica que pondrían un sello de modernidad y futuro para la ciudad de Elda.
En aquel verano de 1957 Eduardo Navarro, desde Valle de Elda, daría todo su apoyo a la puesta en marcha de una Feria Nacional e Internacional para el calzado y las autoridades del momento, que podrían haber escurrido el bulto para no asumir riesgos, toman el proyecto con ilusión y en un acto celebrado en la "Academia Vera", con motivo de la presentación de trabajos de fin de curso, tanto el alcalde, Joaquin Campos, como el concejal de educación Antonio Porta, salen al paso comprometiendo el esfuerzo del Ayuntamiento para hacer posible esas ideas, esto marcaría un camino que culminó con el éxito que todos conocemos.
En la foto de Basilio publicada en Valle de Elda, en primer término el párroco de la Inmaculada Antonio Poveda; Pablo Zabala, director y propietario de la Academia "Don Pablo"; Antonio Porta, concejal de educación y al fondo a la izquierda Joaquín Campos, alcalde de Elda
Eran años en los que el compromiso por la ciudad daba honor y gloria a muchas personas que desde distintos proyectos trabajaban con entrega para hacer de nuestra ciudad una singularidad en el panorama nacional: Álvaro Carpena triunfaría en Madrid en un concurso nacional de zapatería, no solo diseñando el modelo sino realizando el montado y terminado del mismo con unos zapatos sin costura de magnífica perfección, quedando por encima de otras ciudades representadas como Madrid, Barcelona, Inca, Valencia o Zaragoza, entre otras.
También hace sesenta años se iniciaría la búsqueda de recursos y los contactos con el obispado de Orihuela para levantar y hacer posible el colegio "Sagrada Familia" del que los eldenses estamos muy orgullosos y que tantos alumnos destacados pasaron por sus aulas.
Fue en 1957 cuando Alberto Navarro publicaría en primera página de Valle de Elda, su imaginario logotipo de la Feria del Calzado, animando desde esta tribuna para que las ideas se transformaran en hechos.
Logotipo publicado en Valle de Elda en 1957 por Alberto Navarro
Elda, en 1957, con múltiples problemas de trabajo producidos por una crisis permanente, sin exportación apenas, con mínimas infraestructuras era un pueblo con un futuro mediocre, baste comparar los índices de exportación del primer semestre de ese año, España exportó15.000 pares de zapatos por valor de un millón doscientas mil pesetas, frente a Italia que en el mismo periodo exportaría 5.520.204 pares de zapatos por un valor de casi once mil millones de liras. Pero la ilusión de los eldenses, la entrega sin miedo al fracaso en proyectos difíciles de llevar a cabo o rondando lo inverosímil, copaban la esperanza de nuestro pueblo y ese meritorio entusiasmo les llevaría al triunfo.

viernes, 14 de octubre de 2016

La festividad de San Crispín y San Crispiniano, patronos de los zapateros, se conmemora en todo el mundo

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San Crispín y San Crispiniano son los patronos de los zapateros, nuestro oficio, y su celebración el día 25 de octubre es seguida por todos los países donde el cristianismo está presente. Tuve la oportunidad de vivir este día en diferentes lugares. Naturalmente en Elda de la mano de la Asociación de Veteranos de San Crispín, que nació para apoyar a un equipo de fútbol que con ese nombre hubo en la ciudad y que con tanta devoción y cariño hacen los honores a los Santos Patronos de nuestra industria zapatera. Conocí esa fiesta en otros lugares: Holanda, Bélgica, Inglaterra, Francia, Italia y México. Pero sin duda la que más me impresionó por la antigüedad en sus tradiciones y por los ritos que mantienen desde hace siglos, fue la celebrada en Vigévano (Italia). La actividad industrial en aquella bellísima ciudad, con una población similar a la de nuestra Elda, nació a mediados del siglo XIX, aunque el oficio de zapatero es tan remoto como en cualquier lugar de la vieja Europa. En Vigévano, que presumen de tener la plaza más bella de Italia, está el Consorzio Nazionale Santi Crispino e Crispiniano que se encarga de celebrar la Festa del Lavoro, también llamada Festa dell´Uomo, dicho Consorcio  es una asociación sin fines de lucro de promoción social basado en los principios de solidaridad y entregada a la caridad. Está integrada por empresarios y trabajadores de la industria del calzado y afines. Tiene sus raíces en 1608, cuando en la Iglesia de la Misericordia en Vigévano, se hizo la primera Cofradía de Zapateros llamados Consorcio de Zapateros. En el año 1862, la Hermandad se trasladó a la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves.
Ceremonia del Consorcio celebrada el día de los Santos Patronos de los zapateros.
 En 1947, con aportaciones económicas de los miembros del Consorcio, se construyó el altar en dicha iglesia en honor a los Santos Patronos y en 1981, se creó el premio "fidelidad al trabajo"  (fedeltá al lavoro). En 1983 el Santo Padre Juan Pablo II entregó las reliquias de los mártires, para que fueran custodiadas en la ciudad más prestigiosa en la fabricación de calzados. En 1986, el arzobispo Loris Francesco Capovilla, el que fuera secretario personal del papa San Juan XXIII formalizaría la agregación del Consorcio de la Santa Casa de Loreto; ese mismo año el Consorcio representó, por primera vez, sus propias armas heráldicas y bajo el lema "Ambulate en dilectione" (Caminar en el amor). Las obras de caridad del Consorcio se realizan, sobre todo, con la recogida de calzado entre los miembros y con el fin de ser solidarios con los menos afortunados. Envían los zapatos a las Misiones en el mundo, a Cáritas, a diversos institutos y centros, así como directamente al Santo Padre en Roma que los destina a fines caritativos.
El Papa Juan Pablo II con la capa del Consorcio Santos Crispín y Crispiniano.
Este premio se entrega cada año a personas vinculadas al sector zapatero, desde empresarios a trabajadores, que se han distinguido por realizar una labor destacada en favor del oficio y de la profesión, desde el puramente productivo hasta el que abarca aspectos culturales o sociales. Este premio, que solamente se entregaba a personas de la República Italiana, adquirió rango internacional y se otorga también a aquellas personas a nivel mundial que han aportado su trabajo y su esfuerzo en favor del calzado universal y de sus propios países.
El papa Francisco junto al alcalde de Vigévano y dirigentes del Consorzio recibiendo la capa.
La ceremonia de premiación es muy singular y coincide con la festividad de los Santos. Entre otras cosas se procede a la entrega de un diploma en un acto cultural celebrado en el teatro de la ciudad (muy similar al que realizábamos en Elda cuando se premiaba a los trabajadores de los oficios de la industria y se hacía organizado por el Museo del Calzado). Al día siguiente, sale en procesión la reliquia de los Santos Patronos con las imágenes de los mismos, acompañado por un cortejo de miembros del consorcio que lucen las capas blancas con el escudo heráldico en uno de sus laterales, distintivos de la cofradía. Presidido por un Cardenal u Obispo de la Iglesia se concelebra una misa solemne de acción de gracias y en el ofertorio se impone la capa blanca a las personas homenajeadas.
La profesión de zapateros, en esta fiesta mundial, recuerda a aquellos dos mártires que fueron humildes zapateros entregados a enseñar la doctrina de Cristo, mientras realizaban zapatos para los más necesitados. Fueron decapitados por orden del general romano Maximiano y sus cuerpos descansan en Soissons (Francia).